martes, 7 de mayo de 2024

... un mago




Su vida, una guerra mortal
Sus manos, llenas de dulzura
Sus piel, herida sepulcral  
Sus ojos, llenos de ternura

Cenizas de un dolor 
Cascabeles susurrantes de un perdón 
Magia entre las sombras 
Vida marcada en el blendon

Caí rendida, caí ante sus pies 
Caí en el roce de su piel 
En el dulce aroma de su esencia 
Caí ahí, como fiel abeja ante la miel 

Sus abrazos sinceros 
Sus besos llenos de amor
Una pasión desbordada 
Un deseo abrazador 

Caí, en la dulce magia 
Fantaseando con su amor
Rogando a los cielos
Una oportunidad para mí corazón 

Mírame, no solo soy el deseo
La carne deseable para el hambre sensual 
Soy una simple mortal 
Un corazón que te podría llegar a amar 


lunes, 5 de septiembre de 2022

Una carta...

Querido Jose:

Siento mi corazón latir a mil por hora cada que te veo, aunque tu mirada sea de indiferencia, aunque no me volteees a ver, mi corazón es traicionero y late más rápido por ti.

Mi mente me engaña con falsos cuentos en mi cabeza, imaginando que tu me amas cuando yo sé que no es así. Hay algo de mi mundo que siempre es de mi para ti, aunque te ausentes de mi mundo, aunque me veas con indiferencia, aunque me mantengas alejada de ti. Me mantengo conectada a tus deseos y a tus gustos, llevandote la contraria en cosas pequeñas para que notes que me revele; pero sigo consiguiendo solo eso, indiferencia.

No sé porqué te volviste una parte tan fundamental de mi vida, una parte la cual no quiero que deje de latir, parece como que tengo un pequeño corazon dentro del mío imagunando que late cada que tu lo deseas, cada que tu me volteas a ver y me llegas a regalar una sonrisa, una mirada que me haga sentir que vuelvo a vivir.

El deseo es grande, el deseo es que me llegues a ver con amor, como yo te veo a ti. Que me tomes en tus brazos y vuelvas a envolverme en ese abrazo en el cual todo un universo cabe, donde la poesía y el romanticismo son parte de ese cielo estrellado en el que una constelación dibuja con luz un "te quiero", un te quiero que quiere salir de mis labios cada que me voy de tu lado y puedo darte un beso. 

No te imaginas las miles de ilusiones que me hago al pensar que puedo tener un bonito sueño de amor contigo, además imaginarme que tu me correspondes como yo a ti, fiandome de mis presentimientos, donde me dicen "si te quiero", pero no lo dices tú.

Soy tan simple que tal vez nunca quise sacar mis sentimientos a la luz, y decirte "si te quiero", pero, como lo hacía. Tu forma de pensar y las circunstancias, me lo impedian, ahora, no sé si lo que me lo impida sea tu corazón.

Deseo con el alma que cuando apareces en mis sueños, sea tu alma que me viene a ver y a decirme que me quiere, que desea caminar su vida conmigo, como una amiga y una dulce compañera.

Pero Jose, yo sé que son sueños en sacos vacios, donde las ilusiones son solo mías, y mi corazón, aunque tu no lo sepas, es tuyo.

A lo que me dijiste aquella tarde Jose, en la que ibamos caminado juntos observando el atardecer, cuando me dijiste "no creo que tu seas el amor de mi vida"... yo deseaba decirte que si esperaba serlo, que si deseaba serlo, y que me dieras la oportunidad de demostrar que si lo era... ojalá lo pienses aún.

Espero no haber sido imprudente en tu vida, y ojalá no quede solo como un recuerdo los besos inocentes que llegue a soñar con darte en los labios... Cuidate.

Atentamente:

Josephine

 


 

viernes, 22 de julio de 2022

El vuelo de las mariposas -Metamorfosis Cap. 04-

Lance mi mirada hacia mi lado derecho, y levante mi cabeza para ver quién me llamaba, entre las gotas de lluvia vi una persona y que le cubría un paraguas negro, agache la mirada, -¿Mikage estás bien?- se puso en cuclillas ante mí, y me volteo la cara, era Hitoshi, me tomo de los hombros y me quiso levantar, pero yo no quería, yo quería permanecer ahí, parecía que Hitoshi quería levantar a un ebrio totalmente perdido en el alcohol, no estaba ebria, solo estaba perdida en el dolor, embriagada, con mi mirada perdida, Hitoshi me levanto, y comenzamos a caminar, mi temperatura comenzó a subir, me sentía mal, parecía que el estar mucho tiempo expuesta en la lluvia me había enfermado, sentí como si mi cuerpo comenzara a caer en un vacío, y únicamente cerré los ojos; cuando los abrí estaba en mí, recámara, los pósteres de las bandas de rock en el techo, el sonido del agua chocar en el vidrio de mi ventana, y la puerta entre abierta, me levante lentamente, me sentía algo mareada, salí de mí, recámara, y camine por el pasillo hasta llegar a las escaleras que daban a la sala y la cocina, y ahí escuche a mi hermana hablar con Hitoshi, Eriko le preguntaba que si sabía el porqué de lo que me había ocurrido, Hitoshi no le podía contestar porque no sabía el motivo, baje despacio las escaleras y me asome a al comedor, sentía como el sudor escurría por mi frente, parecía como si mis entrañas se estuvieran cociendo me sentía mal, pero no soportaba el hecho de que mi hermana no supiera que era lo que me sucedía, o que me pasaba, -Estoy enamorada Eriko, estoy enamorada, estoy enamorada de una mujer-, mi hermana se quedó observándome, Hitoshi agacho la mirada y negó con la cabeza, yo me pare de una forma decidida, mis piernas comenzaron a temblar, y caí al piso, Hitoshi se levantó de la silla, para levantarme del suelo, Eriko solamente se quedó mirándome, parecía que la duda la invadía, si era verdad o era una simple alucinación por la fiebre que tenía, Hitoshi llamo a Eriko para ayudarle a levantarme del suelo, fue como reacciono, cuando se acercó a mí, le dije que me perdonara por no habérselo dicho, no me dijo nada, el silencio invadió el ambiente, mientras me llevaban a mi recámara solo repetía que Eriko me perdonara, Hitoshi me decía que guardara silencio que me hacía mal, y mi hermana solamente callaba.

 Los rayos del sol comenzaron a entrar por mi ventana, haciéndome despertar de mi sueño, ya me sentía mejor, llevaba varios días enferma, me había dado una bronquitis bastante fuerte, y había permanecido medicada, mi hermana me hablaba muy poco, no habíamos tenido “esa plática”, sobre lo ocurrido. Durante el tiempo que estuve enferma hasta el momento Urara no había salido de mi mente, seguía pensando en ella, viendo la imagen de ese beso que le había dado aquel hombre.
Mis días pasaron rápido, parecía que en un abrir y cerrar de ojos ya había transcurrido varias semanas, las clases en la universidad ya habían finalizado, ahora solo me dedicaba a trabajar en un restaurante.

Un día, salí bastante tarde de trabajar, me apresuré la estación del metro, la estación estaba casi vacía, ya era bastante tarde, no me preocupaba porque mi hermana había salido de vacaciones con Hitoshi, así que no tenía quien se preocupara por lo tarde que llegara a casa me acerque al andén, la noche estaba algo fría a pesar de que era verano, y ahí esperaba, con un suéter a rayas, que no me cubría mucho del frío, comencé a mecerme sobre mis pies, y tararear una canción. Comencé a cantar una canción: "sayonara" wa koko ni oite aruki dasou… y a lo lejos se escuchó la continuación de la estrofa: - mou ni do to miushinau koto wa nai-, me quede en silencio esa voz me parecía familiar, los latidos de mi corazón se habían comenzado a acelerar, agache la cabeza y cerré mis ojos, dando una vuelta a mi cabeza los abrí, y ahí estaba ella, Urara, mi hermosa Urara, su cabello ya era corto, traía un vestido corto en color negro, mi Urara se veía hermosa, con una ninfa de los bosques, o una hechicera de la noche, sonreí y ella me sonrió, no sabía qué hacer, sentí como si nos hubieran transportado a otro lado, o como si el ambiente se hubiera hecho borroso como en los encuentros amorosos en los sueños de los animes japoneses, ella comenzó a caminar hacia mí lentamente, yo también comencé a caminar hacia ella, parecíamos espejo, una imitando a la otra, cuando estuvimos frente a frente, con voz muy tenue me dijo “hola Mikage” yo no pude más, la tome entre mis brazos y la bese, la bese como nunca había besado a nadie, con desesperación, amor y pasión, yo amaba a Urara ella era toda mi existencia, y la tenía de nuevo frente a mí, no me importo que la poca gente que estaba en el andén me viera besando a otra mujer, era mía, mi mujer, y la tenía de nuevo conmigo, terminando de besarla descanse mi frente sobre la de ella, ella comenzó a llorar, me abrazo tan fuerte escondiendo en mis brazos y mi pecho, pidiéndome que no me alejara de ella jamás, lloraba con un grito desesperado; el tren llego, voltee a verlo y ella solo me dijo que la llevara conmigo, le sonreí y subimos al tren, mientras llegábamos a la estación donde bajaríamos, permanecíamos sentadas, una al costado de la otra, ella recargada en mi hombro tomándome de la mano, sentía como si su mente estuviera lejos de su cuerpo, -desde hace muchos días estaba esperándote en el andén- dijo mientras su cabello escondía su rostro, -pero… desde hace cuanto Urara- pregunte,-desde hace muchos días Mikage, todo el día, y casi toda la noche-, me sorprendió el hecho de que ella me había estado esperando, esperaba verme, ella sabía donde trabajaba, pero nunca me había ido a buscar ahí, pero ya no importaba nada, estaba conmigo.

El tren se detuvo, bajamos, y subimos las escaleras para salir a la calle, las calles de Tokio con sus luces, bañaban nuestro camino, iluminándolo, pero solo éramos nosotras dos y nadie más, entramos a mi casa y ella se quitó un saco negro que llevaba, la invite a sentarse en la sala, entre a la cocina y prepare un poco de té caliente, cuando regrese la vi que sostenía una de las botellas de sake que había en una repisa-¿podemos beber?- asentí con mi cabeza, y comenzamos a beber sake, después de algunos tragos Urara estaba algo habría, cuando la vi mal, subí para prepararle la cama de mi hermana para que pudiese dormir ahí, rápidamente entre a mi recámara, y Urara estaba en la puerta, con la botella en las manos, se había bebido el sake que había quedado, tiro la botella y comenzó a caminar hacia mí, yo estaba un poco habría, pero no estaba perdida como Urara, se acercó lentamente a mí, y comenzó a besarme, y yo correspondí a ella, comenzó a tocarme, de una forma que hizo mi cuerpo temblar, la tome de la cintura y ella me rodeo con sus brazos, comencé a besarla en el cuello, el éxtasis del momento hizo perderme en el calor de sus brazos, me arrojo a la cama, y me beso dulcemente, y bajando su mano comenzó a desabrochar los botones de mi pijama, en ese momento, la razón volvió a mí y rápidamente me levante de la cama, salí de la habitación y baje a la cocina, Urara bajo rápidamente los escalones, yo estaba frente al fregadero,-todo el mundo me odia, todos se alejan de mí, todos me dejan sola, hasta tú, hasta a ti te doy asco- las palabras de Urara eran emitidas de una forma dolorosa, demostrando un sufrimiento interno muy fuerte, -¿pero qué dices?- voltee a ella y estaba llorando, hincada en el piso, me acerque a ella, y levante su rostro,-Mikage, me he quedado sola, no tengo a nadie, mis padres fueron asesinados- me quede pausada en ese instante, la levante del piso y la lleve al sofá, ahí tome su mano y le dije que me contara lo que había ocurrido, los padres de Urara habían sido asesinados por el mismo hombre que se iba a casar con ella, al parecer el padre de Urara había rechazado el que ella se casara con aquel tipo, así que en venganza, el hombre estaba decidido a matar a Urara, pero cuando eso iba a ocurrir, los padres de Urara la defendieron cayendo muertos, Urara alcanzo a escapar, y llamo a la policía, quienes persiguieron al hombre, que al final lo habían asesinado. La noticia yo la había leído el de los padres asesinados, el prometido muerto y la chica sola, abrace a Urara, ahora comprendía él porque me había estado esperando con su vestido negro durante varios días, subimos a la recámara de mi hermana, la acosté, y me pidió que me quedara con ella, la cubrí con unas mantas, y me recosté junto a ella, abrazándola, para que no se sintiera sola, y no sufriera más.

Al día siguiente no tenía que trabajar, así que me levante temprano a hacer el desayuno, me senté y comencé a comer unas tostadas francesas, y la mesa estaba iluminada por la luz del sol de la mañana, Urara se asomó al comedor, tomo asiento, parecía una niña pequeña con el cabello desarreglado, y una pijama rosa de mi hermana, -Mikage, ayer me porte mal contigo, discúlpame por lo ocurrido, disculpa si te ofendí- me dijo agachando la cabeza, -No te preocupes, yo quería que pasará, pero no era el momento- le dije mientras serbia en un plato un poco de rameen para ella, sus mejillas se sonrojaron por completo:

-¿De verdad te hubiera gustado estar conmigo?- pregunto

-Si- en ese instante no sé dónde escondió mi sinceridad  a la vergüenza y el pudor, había pensado en voz alta, yo quería tener un encuentro carnal con Urara, yo quería entregarme a ella en cuerpo y alma, pero no se lo iba a decir, pero no sé qué me paso o que me cruzo por la mente, en decírselo.

 

Salimos de casa, a la casa de Urara, la casa de Urara era muy  grande, con un enorme patio, al parecer la familia de Urara era de clase alta, su casa se encontraba ya vacía, ya ni los criados estaban, me incito a sentarme, tomo el teléfono y llamo a un hombre, preguntado por cómo se encontraban las cosas en su fábrica, al parecer Urara era la hija de Kojima Tanabe, gran empresario Japonés, Urara comenzó a decirme sus planes, al parecer vedaría esa casa, y se mudaría a un departamento en el centro de Tokio, cerca de la universidad donde estudiaba, y se aria cargo de la empresa de sus padres.

 

Cuando Urara me sirvió un poco de té, vi el momento en preguntarle algo que me había invadido desde que me había contado lo ocurrido con sus padres, -Urara-dije-¿Por qué me buscaste? Como sabias que después de no vernos tanto tiempo, pues…no sé, como sabias que yo iba a volver a estar contigo- Urara sonrió dejando su té sobre la mesa de centro -Mikage, esos encuentros en la estación, las miradas, las palabras, yo sabía que te necesitaba más que a nada, y que te amaba realmente, tu mirada, bueno tu mirada… demostraba que me amabas como yo te amaba a ti, por eso te busque, porque ahora solo tú eres a quien tengo a mi lado, y me quiere de verdad, sonreí y me levante sentando a un costado de ella, la abrace y bese su frente, acurrucándola en mis brazos –te amo Mikage- dijo mientras el tiempo pasaba y no nos importaba nada más.